La glutamina es el aminoácido más abundante en la sangre y en los tejidos musculares.

Se puede sintetizar por el propio organismo, por lo que no es esencial. Pero en ocasiones, el cuerpo tiene demandas más elevadas de este aminoácido. Por ejemplo en situaciones de estrés como el ejercicio extenuante, las demandas de glutamina se elevan por la activación del gluconeogénesis (producción de glucosa a través de aminoácidos). Por lo que la glutamina es demandada y se agota con facilidad, y su proveedor es el músculo, por lo que podemos llegar a la pérdida de masa muscular si el estado catabólico se prolonga.

Es útil para prevenir la degradación muscular, retardar la aparición de la fatiga y así aumentar la recuperación y también es un buen precursor de la síntesis de neurotransmisores y nutrientes esenciales. Disminuye el sistema inmunodepresor y el catabolismo después del ejercicio. Funciona como reparador y cicatrizante intestinal. Ayuda a la prevención de la atrofia de la mucosa intestinal, previne las infecciones y reduce la hiperpermeabilidad intestinal. Ayuda a aumentar el sistema inmunológico (cáncer, diabetes II, + microbiota, etc.).

Además, es un buen corrector del pH, aumentando la permeabilidad intestinal y produciendo efectos anti inflamatorios. Aumenta la G.H., I.G.F.-1 y testosterona (3 hormonas muy importantes para cualquier deportista y persona). Se ha demostrado la estimulación de la producción de la hormona del crecimiento, contrarrestando así el efecto catabólico producido por el cortisol. Así se protege a la masa muscular en situaciones de actividad física intensa.

La dosis diaria recomendada está en 100 mg/kg o 5 gr post entrenamiento y se puede añadir otros 5 gr. antes de irnos a dormir. Y si va acompañado de vitamina B6 es ideal para potenciar su absorción.